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NOTA DE PRENSA

La Fundación BBVA premia a Arvo Pärt, creador del ‘tintinnabuli’, una nueva gramática sonora que prescinde de lo accesorio y, apoyada en el elemento vocal, ha alcanzado a los públicos más amplios

El jurado internacional del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música y Ópera, como consecuencia de la crisis sanitaria del COVID-19, ha valorado telemáticamente a los 31 nominados, concediendo el premio en esta duodécima edición al compositor estonio Arvo Pärt “por cultivar un lenguaje original que le ha llevado a crear un mundo sonoro único; una aproximación nueva a la música espiritual, especialmente coral, que reduce el material sonoro a lo esencial”. Al recibir la noticia de la concesión del premio, Pärt -cuya candidatura fue presentada por el director general de la Fundación Pau Casals, Jordi Pardo- se ha mostrado “muy feliz y agradecido”.

31 marzo, 2020

Perfil

Arvo Pärt

Arvo Pärt nació en 1935 en Paide, Estonia, sólo cuatro años antes de que el estado pasase a formar parte de la URSS. Estudió piano, flauta, oboe y percusión antes de cumplir los veinte años, edad en la que  realizó sus primeros intentos compositivos.

En 1954 inició su formación superior en composición, en el conservatorio de Tallin, que tuvo que interrumpir por el servicio militar obligatorio. Se graduó en 1963, con una madurez formal reflejada en su Sinfonía No. 1 (1963), mientras trabajaba como ingeniero de sonido en la radio estatal. Algunas de las piezas que compuso durante sus años de estudiante aún permanecen en su catálogo oficial, incluidas piezas orquestales como Nekrolog (1960) o Perpetuum mobile (1963): “un buen número de extraordinarios trabajos”, resultado de su “profunda exploración del vocabulario modernista”, en palabras del presidente del jurado, Paul Hillier, director artístico de Theatre of Voices (Dinamarca).

A finales de la década de los sesenta, su música destaca por una utilización muy personal de la técnica del collage, aunque más oscura y dramática, unida a una gran influencia de la tradición barroca, en composiciones que reflejan una lucha interior entre dos mundos contrapuestos. La máxima expresión de este diálogo interior es Credo (1968), que supuso un punto de inflexión en su obra y en su vida.